La Coctelera

Mudanzas

Hace tiempo que no me asomo a esta Coctelera. A través de esta ventana he compartido, he conocido y he dejado muchas letras. Toda esa experiencia la meto en esas maletas que andan de un lado a otro para mudarme a mi propio espacio, donde os sigo esperando. Gracias por haber estado aquí conmigo.

Londoners

Pasaron los dos meses y se consumieron entre trabajo, alojamiento y supervivencia.

Me siento casi por primera vez para mirar con un poco de distancia. Esta es una ciudad tan activa que la energía la difunde y consume a partes iguales.

Entre tantos deberes ha habido tiempo para un poco de relax: lleno las horas disfrutando de mirar, de fijar los ojos en todo cuanto se mueve a mi alrededor, que no es poco. Ya empiezan a surgir esos rinconcitos que haces tuyos, cuando lo que te rodea te resulta ya conocido: tu "barrio", tus vecinos, tus tiendas.

De momento seguimos buscando un poco de estabilidad y espacio propio dentro de esta vorágine pero poco a poco vamos mejorando: en los trabajos, en las condiciones, en el idioma.

La primera sensación es verte superado por las dimensiones y el ritmo. Ya poco a poco sabemos cómo movernos en la ciudad sin perdernos, calcular mejor las distancias y reconocer los puntos de referencia. Pero lo que queda... son las ganas de seguir explorando, aprendiendo, de todo lo que está ahí al alcance de la mano (a pesar de los precios, de la libra...). ¡Cuántas posibilidades!

Y, por supuesto, las ganas de ver por aquí esas caras conocidas, las de la familia y los amigos. ¡¡Os estamos esperando!!

Alive!

Londres de momento me tiene atrapada en una rutina que está siendo agotadora. Los comienzos son difíciles pero hay mucho que disfrutar (y también que hacer).

Disculpas por el silencio, que se hace demasiado largo pero volverán las palabras en cuanto haya un sitio en el que poner el campamento base.

De momento... sigo explorando, aprendiendo hasta límites agotadores. Pero estoy bien.

Día de playa

Lo cotidiano a veces hace rutinarios ciertos elementos que en cualquier otro contexto nos asombrarían o, cuanto menos, nos llamarían la atención.

La costumbre me hizo ver como algo normal los carteles que anuncian, sólo en inglés, los menús del día de los bares y restaurantes de los pueblos de la Costa del Sol. Dentro de mi imaginario figuraban esas pizarras grandes en las que se leía English Breakfast al tiempo que la consabida paella, el gazpacho o el pescadito pescaíto frito.

Pero mis días de playa también contaron desde que tengo memoria con la imagen de los primeros top less de extranjeras jóvenes y también mayores, sin que aquello nos escandalizara nada, aunque sí llamara nuestra atención.

La curiosidad también se saciaba con las avionetas que frecuentemente se hacían un hueco entre las gaviotas con carteles inmensos en los que veíamos la programación del Tívoli World; letreros que ahora te tienen al tanto de las últimas promociones inmobiliarias que todavían acechan el poco suelo que queda libre en la costa. Pero era una imagen también habitual.

El olor del salitre siempre se ha sumado a los de coco, zanahoria y potingues variados con los que untan las pieles broncedas esas legiones de cuerpos tirados en toallas, hamacas y colchonetas.

Además de las pelotas, palas, cubos, petanca y hace mucho menos, esas tablas con las que recorrer la orilla haciendo una especie de surf.

Hoy hay que seguir sorteando a bañistas, turistas, intrépidos jugadores de fútbol, raquetas varias y demás cachivaches que pueblan la orilla en un largo paseo hasta llegar al lugar deseado, aquél en el que plantar la sombrilla.

Hoy, además, hay que armarse de cualquier herramienta válida para dar caza y entierro a las miles de medusas que colonizan un agua transparente, calmada y a la espera de un buen chapuzón que se ve frustrado.

Y aún así... me sigue gustando la playa.

Mis otros ojos

Pueden ser otros dos más, los que atraviesan el cristal de miopía estable.

También son los otros dos ojos, esos que acaban de llegar, de visita para quedarse, del camaleón.

Son aquellos que me muestran historias escondidas en sitios desconocidos, tan cerca: tortugas, molinos de cáscara de eucalipto, cangrejos no vistos y ríos perdidos.

En los que ver la letra de otros que escribieron; letras para imaginar, para esconderse.

Los que me hablan, de norte a sur, de sur a norte.

Con los que sueño.

Nube ELE (La Rábida)

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Reincidencias

Volver a ver la misma película, de nuevo.
Volver a contagiarme de la risa, de la tristeza y del llanto.
El mando que se resiste a quedarse en su lugar y rueda varias veces por el suelo.
El reloj que marca una hora imposible- (¿y cómo pasó el tiempo?)
El sueño que no amenaza... y debería.
Un sábado que anochece antes de amanecer, confuso.
De nuevo pasó lo mismo... y sigue esperando la cama.

Vamos sumando

Poco a poco vamos incorporando nuevas letras a este espacio inmenso...
El círculo va creciendo y ya se han animado Rosalía desde tierras inglesas y Gustavo desde Chile.