El icono del correo salta porque no me reconoce la clave, la misma clave de siempre, guardada en algún resquicio de la memoria del ordenador.
Le doy a cancelar.
La lista de reproducción ha vuelto a repetirse por tercera vez... y acabo de darme cuenta.
Sigue sonando, otra vez, la cuarta.
El mechón de pelo que se deja caer insistentemente. La mosca que se empeña en merodearme. El té que se enfría. La moto que pasa. La luz que se va... y el calor.

Me recuerda a la canción de Manolo Tena:
Tengo una moto estropeada
y tengo un loro que no habla
tengo un pez que no sabe nadar
y una mosca que no me deja en paz