Talgo 200, Atocha. Un rato interminable esperando un taxi en la estación. Avanza la cola, despacio, civilizadamente, y al fin nos toca.

Y nos lleva Jorge, el taxista, ese que salió en programas de televisión, camerunés. Y gracias a él el trayecto a casa se nos hace divertido y curioso (es una alegría encontrar gente amable).

Hoy amanece la ciudad más agitada que anoche- reinaba el silencio y el vacío en las calles, una imagen de Madrid que me encanta. Hoy son puntos suspensivos.