No sé en qué preciso momento me convertí en marmota. En la 2, tal vez fuera ahí, recuerdo que estaban con un documental sobre los osos y su hibernación.
Luego hubo un sorbo de brandy, humo, palabras que quedaron en suspenso y de nuevo el silencio.
En una de los despertares, ya no quedaba leña. Fuera llovía. Dentro habíamos creado nuestro pequeño paraíso, un spa particular de sillones, charla, vino, quesos... y luego vinieron tortilla, migas, paté, empanada de bacalao con pasas. Y siesta. Y también siesta de desayuno y desayuno inglés.
Sí, creo que sí, que en algún momento de la mañana del sábado salimos al exterior, cual osos, para proveernos de comida. Luego volví a la ensoñación, a recuperar horas perdidas de letargo, de descanso, de buenos amigos, de casa. Los últimos días.
Y al tercer día, desperté.

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