Porque no es una despedida
Tarde de viento y niebla, de luz que va y viene, de lluvia, de despedidas.
Cuatro años de repente, que no son nada. Pero están ahí: los amigos. Quedarán para las escapadas granaínas, para las subidas madrileñas, para esas charlas teléfonicas, esos cafés de cualquier momento, para desahogarse, para chatear...
Ha sido un día extraño en el que hubo adiós, piso, indiferencia, alegría, emoción, nostalgia... Que fue como si no se acabara, como un "hasta el lunes". Pero ya no habrá más lunes como hasta ahora.
Me apuntaré a los horarios extraescolares, a ponerme al día de la vidilla universitaria, de los más y los menos del trabajo, de compartir otros momentos distintos de los de estas mañanas de cuatro años.
No es un adiós... será un hasta luego para vosotros. Y de cuando en cuando... quizás un viernes, unas tapas en un Hospital Real que ya no será el mismo.
