Gente joven, gente sin techo y tolerancia
De Montreal sorprenden muchas cosas, entre ellas la cantidad de gente joven. Desconozco la media de edad de su población pero, teniendo en cuenta que estamos en verano y los cursos universitarios ya han acabado, y descontando los turistas, el centro de la ciudad lo han (hemos) tomado los jóvenes.
Un paseo por cualquier parte de la ciudad es un constante ir y venir de jóvenes y eso me hace sentir una sensación de "estar en casa". Sólo llevo un par de días en Montreal y me siento parte de la ciudad.
Ciudad de acogida y de tolerancia. Comentándolo con Benoit y Eric, me señalaban la peculiaridad de Montreal con respecto, por ejemplo, a la capital, Ottawa, mucho más conservadora.
Estoy en una ciudad donde se comparte una mentalidad abierta, tolerante y permisiva dentro del límite del respeto. Ese respeto que lleva a colocar, por ejemplo, la bandera del arco iris, símbolo gay, en el interior de la Christ Cathedral en señal de apoyo y ejemplo.
Pero toda ciudad tiene su puntos más oscuros. Después de cinco años, me sorprende la cantidad de gente que hay pidiendo por las calles. Es algo que no recordaba haber visto en mi visita anterior.
El parque Emilie-Gamelin es una parada nocturna: al caer la tarde, se ven sacos de dormir esparcidos por el césped. En algunas iglesias, a la entrada, encuentras el vaso y detrás la mirada de quien no tiene nada.
Sé, por Benoit, que la vida se ha encarecido (y he podido comprobarlo) en los últimos tres años. Sin embargo, la mayoría de la gente puede acceder a buenos trabajos, al menos a trabajos que permiten llevar una vida confortable, que incluso te dan la posibilidad de comprar una vivienda de 200.000 $CAN pagándola en 10-15 años. Una ciudad donde un alquiler normal supone unos 1.000 $CAN (con dos habitaciones) pero que resulta perfectamente asumible por cualquier joven.

