La propuesta de un almuerzo en Montreal difícilmente se puede rechazar. Mi anfitrión (no tiene ni idea de cuánto agradezco el gesto) me lleva a un "very good restaurant" pero no podía imaginarme cuán bueno podía ser.

En mis caminatas de estos días me había sorprendido la arquitectura del edificio que contrastaba con las casas típicas de Sain-Denis: colorista, con juego de volúmenes y grandes ventanales donde se combinan el acero y el cristal. Pero por dentro me esperaba mucho más disfrute (y no sólo en lo arquitectónico).

L'Institut es una escuela de hostelería situada en el Plateau Mont-Royal. Cruzar la típica puerta de gimnasio de película yanqui pero pintada de amarillo me encantó: hacer fuerza para mover tan pesado armatoste para pasar a un recibidor espacioso y muy luminoso. Pero no podía imaginarme cómo iban a ser los platos a pesar de los nombres de la carta.

Para empezar...

Me dejé aconsejar por Benoit y los propios camareros y me di un festín con el menú del día, disfrutando como una enana con los sabores, la mezcla de texturas y la presentación. Exquisito. Una delicia que tuvo como recompensa un paseo por el mirador del Mont-Royal y las casas de ensueño de la zona más rica de Montreal.

Después, me perdí en la sección de cocina (¡¡¡y qué sección!!!) de una de las librerías más grandes de la ciudad, en plena Rue Saint-Catherine: Chapters. Tuve que contenerme muchísimo.