Pasaron los dos meses y se consumieron entre trabajo, alojamiento y supervivencia.

Me siento casi por primera vez para mirar con un poco de distancia. Esta es una ciudad tan activa que la energía la difunde y consume a partes iguales.

Entre tantos deberes ha habido tiempo para un poco de relax: lleno las horas disfrutando de mirar, de fijar los ojos en todo cuanto se mueve a mi alrededor, que no es poco. Ya empiezan a surgir esos rinconcitos que haces tuyos, cuando lo que te rodea te resulta ya conocido: tu "barrio", tus vecinos, tus tiendas.

De momento seguimos buscando un poco de estabilidad y espacio propio dentro de esta vorágine pero poco a poco vamos mejorando: en los trabajos, en las condiciones, en el idioma.

La primera sensación es verte superado por las dimensiones y el ritmo. Ya poco a poco sabemos cómo movernos en la ciudad sin perdernos, calcular mejor las distancias y reconocer los puntos de referencia. Pero lo que queda... son las ganas de seguir explorando, aprendiendo, de todo lo que está ahí al alcance de la mano (a pesar de los precios, de la libra...). ¡Cuántas posibilidades!

Y, por supuesto, las ganas de ver por aquí esas caras conocidas, las de la familia y los amigos. ¡¡Os estamos esperando!!